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Vaginismo: causas, síntomas y tratamiento.

Publicado el 26 mayo, 2016
Marta García Perís

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A algunas mujeres les pasa que cuando intentan mantener una relación coital, se da una contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico que hacen que la vagina “se cierre” provocando dolor, ardor y, en la mayoría de ocasiones, una imposibilidad para practicarlo. En estos casos estaríamos hablando de vaginismo.

Se suele diferenciar entre vaginismo primario (personas que lo padecen desde siempre y que incluso les ha afectado en otras situaciones de su vida, como puede ser al intentar usar un tampón o hacerse un examen ginecológico) y vaginismo secundario cuando la mujer ha mantenido relaciones satisfactorias durante su vida, pero en un determinado momento empieza a resultarle imposible. Hay mujeres que viven esta experiencia con vergüenza, culpa y hasta confusión llegando a creer que su vagina está cerrada literalmente.

Vamos a verlo con un ejemplo práctico. Cierra tu puño izquierdo sin apretar, y a continuación trata de meter el dedo índice de la mano derecha dentro del puño de la mano izquierda. Se puede ¿verdad?. Ahora vamos a volver a hacer lo mismo pero esta vez apretamos el puño con fuerza y luego intentamos introducir el dedo de la otra mano en el interior… Se ha complicado la cosa, ¿verdad? o no has podido o bien has tenido que “escarbar” para conseguirlo. En este último caso seguramente te ha resultado incómodo, tanto en el puño en si como en el dedo que se intentaba abrir camino. Esta es la situación en la que se encuentran una persona que padece vaginismo y su pareja.

Si sufres vaginismo te preguntarás “¿Y por qué no consigo relajar los músculos?”. La razón es que la contracción se hace de manera completamente involuntaria. Incluso siendo consciente de ello, te puede resultar realmente difícil hacer algo al respecto. Por decirlo de alguna forma, para ti se ha convertido en una reacción habitual, lo mismo que cierras los ojos si te intentan meter un dedo en ellos. Pero ¿realmente es imposible controlarlo? Por supuesto que no. Algunas veces el origen es físico por estar padeciendo alguna infección urinaria o vaginal, tras una cirugía, postparto o por tener algún tipo de afectación del suelo pélvico. Otras veces el origen es psicoemocional. Pueden ser malas experiencias pasadas y/o traumas (no necesariamente de contenido sexual), ideas negativas respecto a la sexualidad (muchas veces la “educación” recibida en este ámbito se convierte en “educastración”) o nuestro cuerpo (reacción negativa ante tu propio cuerpo en general o tus genitales en particular), ansiedad (problemas de pareja) y miedos (dolor, embarazo).

El vaginismo se soluciona trabajándolo en terapia, con un asesoramiento psicológico y algunos ejercicios físicos. El problema realmente está cuando no das el paso, cuando lo que haces es forzarte a tener relaciones, darle vueltas a la cabeza y empezar a sentirte cada vez peor contigo misma. Con esto no sólo no solucionas nada sino que empeoras la situación. Si llevas tiempo sintiendo dolor durante las relaciones sexuales, no dudes más y acude a un profesional. En este caso un sexólogo o sexóloga será lo más indicado como primer paso.

Aprende “a relajar el puño”, a disfrutar de tu vida ¡y de tus relaciones sexuales!

Marta García Perís – sexóloga

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