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¿Por qué resulta tan difícil dejar de fumar?

Publicado el 5 diciembre, 2014
admin

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Durante los últimos años ha ido aumentando significativamente el número de personas que desean sacar el tabaco de sus vidas. La mayoría lo consiguen, pero el proceso no siempre es fácil; fumar es una adicción, un hábito en ocasiones muy arraigado en nuestra forma de vida y en nuestro día a día, algo que se hace casi de forma automática y que proporciona una satisfacción a corto plazo.

En consecuencia, cada vez más gente consulta al psicólogo para decir adiós al tabaco definitivamente. Existen muchos tipos de tratamientos para conseguir este fin, desde el uso de medicamentos a las terapias psicológicas; entre ellas, la hipnosis se reconoce como una de las más eficaces, ya que permite dejar el tabaco en poco tiempo, reduciendo significativamente la sensación de esfuerzo y la ansiedad asociada a la abstinencia. Aunque la nicotina no produce alteraciones en el estado de consciencia, ni acarrea un deterioro social como podrían hacerlo otras drogas, no debemos olvidar que es también una sustancia adictiva. El tabaquismo, como cualquier otra adicción, produce dependencia, tolerancia y síntomas de abstinencia tras su retirada.

¿Cómo se desarrolla la adicción al tabaco?

La nicotina tiene efecto directo y muy rápido sobe el sistema nervioso; tarda tan sólo 7 segundos en atravesar la barrera hematoencefálica provocando un efecto sedativo y euforizante a la vez. Así pues, el consumo de nicotina tiene consecuencias agradables inmediatas que van a colaborar en el inicio y mantenimiento del hábito: calma la ansiedad y regula el estado de ánimo (Becoña y Vázquez, 1997). El consumo de nicotina libera dopamina a una estructura neuronal de los denominados circuitos de recompensa cerebrales. Su consumo continuado puede provocar cambios más permanentes en estos circuitos, similares a los provocados por otras drogas como la cocaína o la heroína (Bobes, Casas y Gutiérrez, 2001).

En relación con estos cambios neurológicos, la nicotina puede producir tolerancia rápidamente, siendo necesario consumir cada vez mayores cantidades de esta sustancia para alcanzar el mismo efecto o para neutralizar los efectos de la abstinencia, que cada vez aparecen en un lapso de tiempo menor (Bobes, Casas y Gutiérrez, 2001). Como todo hábito, la conducta de fumar se sustenta sobre leyes básicas del aprendizaje humano (Becoña, 1998; Moreno, 2006). Por ejemplo, al fumar en determinadas situaciones (después de comer, mientras se bebe alcohol, descansos de trabajo…), se produce lo que se llama un “condicionamiento clásico” de la conducta, mediante el cual asociamos la situación (que se convierte en un estímulo detonante) a la conducta de fumar, hasta que acaban siendo inseparables que son más difíciles de “desasociar” de lo que podemos imaginar.

Además, operan mecanismos psicológicos más complejos cuando el tabaco nos proporciona una serie de recompensas físicas, psicológicas o sociales. De este modo, el tabaco puede convertirse en un recurso básico en el repertorio de la persona para regular estados emocionales negativos (como la ansiedad y el aburrimiento), para aumentar la concentración o incluso para integrarse socialmente (Moreno, 2006)

El síndrome de abstinencia

La nicotina puede provocar una dependencia bastante fuerte, razón por la cual la Asociación Americana de Psiquiatría incluye los posibles síntomas de la abstinencia al tabaco en su Manual Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-IV-R):

  • Estado de ánimo disfórico o depresivo
  • Insomnio
  • Irritabilidad, frustración o ira
  • Ansiedad
  • Dificultades de concentración
  • Inquietud
  • Disminución de la frecuencia cardiaca
  • Aumento del apetito o del peso

Si bien estos efectos dependen mucho de cada persona y duran unos pocos días tras el cese del consumo, la gente suele recaer al cabo de los meses, cuando el síndrome de abstinencia ha desaparecido por completo (Moreno, 2006). Esto indica que los factores psicológicos tienen un peso muy importante en la adicción, por lo que cualquier tratamiento eficaz no se limitará tan solo al manejo de la ansiedad y demás síntomas de la abstinencia, sino que deberá dedicar algún tiempo a la reestructuración de los hábitos y al fomento del autocontrol interno de la persona.

¿Qué proponemos nosotros?

El tratamiento que proponemos tiene una alta eficacia pues incluye las ventajas de la hipnosis para el manejo de la abstinencia, añadiendo técnicas de autocontrol y regulación emocional provenientes de la Psicología Clínica. Lo que buscamos es fomentar los recursos personales de cada uno para conseguir una meta: dejar de fumar para siempre, sin recaídas.

Este tratamiento consta de tres sesiones, una a la semana, destinadas a planificar el cese del consumo y proporcionar las herramientas necesarias para ello.

  • Sesión 1: La motivación es la clave. Hay algo que debes tener en cuenta: para dejar de fumar, debes tener la decisión firme de dejar el tabaco del todo y para siempre. Si esa decisión está tomada en firme y sin excusas, tienes gran parte del camino hecho. Si no quieres dejar realmente el tabaco, si solo quieres fumar menos o vienes presionado por terceras personas, esta terapia, al igual que cualquier otra, no funcionará. Por ello durante la primera sesión se ayudará a la persona a incrementar su motivación al máximo. Ayudamos a la persona a cambiar la forma en la que percibes el tabaco y los beneficios de acabar con su consumo de una vez por todas.
  • Sesión 2: El cese del consumo. En la segunda sesión se da el cese del consumo. A partir de este día, dejarás el tabaco del todo y para siempre. La hipnosis será la herramienta principal para este fin, destinada a proporcionarte recursos para el autocontrol y la regulación emocional. La finalidad de la hipnosis es proporcionar un recurso útil del que la persona pueda echar mano en cualquier otro momento de su vida.
  • Sesión 3: “Yo, no fumador”. Percibirse a uno mismo como no fumador supone un cambio profundo. Fumar era un hábito y es normal que nuestra mente busque sustituirlo con otro; en ocasiones, los hábitos sustitutivos pueden ser negativos para la salud (por ejemplo, sustituir el tabaco por comida). Muchos tratamientos terminan tras la sesión de hipnosis, quedando la persona no fumadora desamparada ante las posibles dificultades que surjan de esos primeros días sin tabaco. Durante esta sesión se explorarán los momentos críticos que la persona haya vivido desde el cese del consumo, se fortalecerá la capacidad de autocontrol y se buscarán soluciones y recursos terapéuticos para evitar posibles recaídas.

 

Helena Arias Vidaurre – Psicóloga

Bibliografía:
American Psychiatric Association. (2000). Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders (DSM-IV-TR) (2nd ed.). Washington, DC.
Becoña, E., y Vázquéz, F.L. (1997). Evaluación de la conducta de fumar. Psicología Conductual, vol.5, Nº 3, pp. 345-364
Bobes, J, Casas, M. y Gutiérrez, M. (2001). Manual de Trastornos Adictivos. Editorial: Efoque Editorial SC
Moreno, J.J. (2006). El programa para dejar de fumar del Ayuntamiento de Madrid. Revista de Psicooncología, Vol. 3, Núm. 2-3, pp. 291-304
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