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La eficacia de las técnicas de relajación

Publicado el 12 septiembre, 2014
admin

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Helena Arias está licenciada en psicología, ha realizado un master en psicología clínica y otro en preparación de profesorado, así como cursos de Terapia Gestalt y Terapia Familiar Sistémica. Actualmente forma parte del equipo de Salud Butragueño realizando terapias, llevando nuestra Escuela de Padres e impartiendo el Curso “Aprender a relajarse”


 

En un artículo anterior publicado en este blog, hablábamos del impacto del estrés sobre la salud física y mental de las personas. Entre las estrategias recomendadas para reducirlo incluíamos un heterogéneo y amplio grupo de técnicas comúnmente denominadas técnicas de relajación.

Las técnicas de relajación están indicadas como tratamiento eficaz en casos de estrés prolongado (laboral, familiar…) o de ansiedad (fobias, obsesiones, ansiedad social…). Pero su uso es mucho más amplio, ya que están recomendadas para todas aquellas personas que estén atravesando un momento complicado de sus vidas o, simplemente, para aquellos que quieren encontrar una manera de relajarse, de tener un espacio de paz y tranquilidad.

Cualquier situación que nosotros mismos interpretemos como amenazante o negativa puede provocar un aumento de la activación interna de nuestro organismo, una activación de nuestro sistema nervioso; esta activación hace que sintamos una sensación de nerviosismo y agitación bastante desagradable y que, quien más quien menos, todos hemos experimentado alguna vez. Si estas situaciones son mantenidas en el tiempo pueden provocar todo tipo de alteraciones, tanto a nivel psicológico (estado de ánimo depresivo, cansancio o fatiga, falta de concentración…) como físico (molestias gastrointestinales, dolores de cabeza, de espalda…). Las técnicas de relajación son adecuadas para amortiguar todos estos síntomas, tanto a nivel físico como a nivel mental.

Pero, ¿como podemos aprender a controlar aspectos tan automáticos e inconscientes? La capacidad para ejercer control sobre nuestro sistema nervioso es algo que se aprende, al igual que se aprende a tener miedo a determinadas cosas o a preocuparse por otras. Aunque parezca complicado, la relajación es una habilidad como cualquier otra, que se aprende como cualquier otra y se desarrolla y perfecciona como cualquier otra. Tan solo necesitamos constancia y práctica.

Pero, ¿cómo funcionan las técnicas de relajación? ¿Dónde reside su eficacia?

Para comprender su funcionamiento debemos saber que, aunque la ansiedad tiene un fuerte componente fisiológico que parece incontrolable (aumento de la presión sanguínea, sudoración, taquicardia…) es una respuesta que viene determinada en gran medida por nuestros propios pensamientos e interpretaciones (Goleman, 1996). Tenemos que tener en cuenta que, aunque pensemos que el detonante siempre es una situación externa, en realidad es el significado que damos a ese hecho el que modula la intensidad de nuestra alteración.

Así pues, uno de los principales beneficios de las técnicas de relajación reside en proporcionar a la mente una vía de escape de esos pensamientos que tanto daño nos hacen.

Decíamos antes que existen numerosos tipos de técnicas de relajación, que ponen el énfasis en distintas vías o medios. Estas técnicas oscilan entre las más físicas (entrenamiento en relajación muscular de Jacobson, respiración), a las más mentales (meditación, mindfullness), pasando por puntos intermedios (entrenamiento autógeno).

 

Las técnicas de relajación son muy variadas, dependiendo de la vía que sigan para conseguir su objetivo, pero todas tienen algo en común: están diseñadas para que las personas puedan controlar su nivel de activación interno sin recurrir a recursos externos (Labrador, 1993).

 

Y aquí es donde reside la clave de su eficacia: las técnicas de relajación provocan en nuestro organismo la respuesta opuesta a la de la ansiedad o el estrés, contrarrestándola.

Con pautas de relajación como la reducción de la tensión muscular o del ritmo respiratorio inducimos este decremento en la activación de nuestro sistema nervioso. Por tanto, vamos desencadenando el proceso contrario a la ansiedad; baja nuestro ritmo cardiaco, aumenta la vasodilatación arterial y poco a poco se va disminuyendo la secreción de adrenalina y noradrenalina que nos tenía en estado de tensión. A medida que aprendemos a relajarnos, vamos ayudando a nuestro organismo a recuperar la normalidad. Y así, desaparece la sensación interna desagradable, siendo sustituida por la agradable sensación de la relajación

En otras palabras, estas técnicas nos ayudan a disminuir el nivel de ansiedad o tensión y, al poner el énfasis en el manejo interno y personal del problema, nos ayudan de forma automática a aumentar el control que tenemos sobre ello.

Las técnicas de relajación nos ayudan a recuperar el control sobre reacciones internas de nerviosismo que nos parecen incontrolables.

Aun siendo tan distintas, todas ellas permiten a la persona alcanzar una relajación tanto del cuerpo como de la mente, porque cuando nos concentramos en nuestras sensaciones corporales, cuando somos capaces de dirigir la atención a nuestro interior, eliminando pensamientos y distracciones, olvidamos durante un espacio de tiempo nuestros problemas y preocupaciones; dejamos que nuestra mente descanse y permitimos que nuestro cuerpo se recupere; nos regalamos así un espacio de descanso y de relajación, de bienestar.

Helena Arias – Psicóloga de Salud Butragueño

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