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Cómo combatir la ansiedad

Publicado el 26 septiembre, 2014
admin

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¿QUÉ ES LA ANSIEDAD?

En algún momento de nuestra vida, y al margen de lo saludable que aparentamos estar, hemos tenido miedo, quizás pánico, o simplemente nos hemos sentido nerviosos o ansiosos. También es posible que en alguna ocasión se haya acudido a consulta por no dormir bien, tener palpitaciones, sensación de opresión en el pecho y descubrir que la tensión arterial estaba elevada, algo de azúcar en sangre, ácido único o niveles alterados no correspondientes con anterioridad. Muchos de estos síntomas, y muchos otros suelen ser consecuencia directa o indirecta de la ansiedad, angustia o estrés.

La ansiedad, a diferencia del estrés, es aquella emoción, estado de pánico o aprehensión, experimentada de forma no agradable y negativa, que surge ante una situación que percibimos o anticipamos como amenaza.

Es decir, la ansiedad es cuando pensamos en lo que va a suceder o puede suceder y nos ponemos en situación de alerta para hacerle frente. La ansiedad en definitiva es la respuesta del cuerpo a un miedo no presente o anticipatorio en nuestra mente; una respuesta natural y sana (llamada de enfrentamiento-huida) cuya finalidad es proteger al organismo y sus sistemas.

¿QUÉ SITUACIONES PUEDEN PRODUCIR ANSIEDAD?

Todas aquellas situaciones que pueden sentirse como amenazantes para la persona pueden producir ansiedad. Hay que tener en cuenta que no todo el mundo percibe las situaciones de igual manera, ya que ante un estímulo hay quien reacciona con temor, excitación o al contrario, aceptación o indiferencia:

  • Situaciones de intenso miedo o fobias. Estos pueden ser a espacios abiertos y concurridos (agorafobia) donde la persona cree no recibir ayuda o salir huyendo; estar sólo en casa; viajar en avión; espacios cerrados (claustrofobia); miedo a los animales, a aguas profundas.
  • Situaciones de peligro. Estas son situaciones que activan el instinto de supervivencia, el miedo a la integridad personal, la muerte de un familiar. Esto puede ser el caso de sufrir un accidente de tráfico, entre otros.
  • Situaciones novedosas o desconocidas. Cuando nos exponemos a una situación completamente nueva en la que no tenemos experiencia previa.
  • Situaciones donde se siente expuesto. Es decir, contextos en los que puede sentirse evaluado y que pueden conllevar una respuesta no sólo positiva sino también negativa. Por ejemplo, hablar en público.
  • Situaciones cotidianas. Por ejemplo, insomnio, trabajo, estudio, un viaje…  si la persona está pensando en cosas amenazantes o que pueden tener consecuencias negativas, estas situaciones pueden fácilmente causar ansiedad.
  • Situaciones de enfermedad, estrés o cansancio excesivo.

¿QUÉ HÁBITOS, MEDIOS NATURALES O TÉCNICAS MEJORAN NUESTRA ANSIEDAD?

Una vez realizado el diagnóstico del trastorno, en la mayoría de los casos el tratamiento recomendado es de carácter farmacológico. Esto conlleva la toma de ansiolíticos y/o tranquilizantes que van acompañados de efectos secundarios. Otras alternativas son la terapia e hipnosis, de las que se pueden obtener buenos resultados en casos de ansiedad crónica. Las técnicas naturales cada vez son más demandadas y son complementarias a dichos tratamientos, aportando altos beneficios así como alivio y mejoría de los síntomas.

Estos métodos naturales no nacieron hoy; desde tiempos inmemoriales el ser humano se ha servido de la naturaleza para la curación de dolencias y enfermedades. Aún en nuestros días se siguen utilizando tanto en medicina como farmacológicamente.

Según la OMS (organización mundial de la salud) cerca del 28% de las especies vegetales tienen aplicación médica, siendo complementarios su uso en muchos procesos de salud.

En este caso, la naturopatía se encarga de ayudar al organismo a recuperar la capacidad de autosanación propia de cada persona. El objetivo es trabajar a favor de él y no contra las dolencias; a reconectar el equilibrio y fomentar hábitos saludables perdidos. Desde una perspectiva personalizada, se trata de que la persona tome conciencia de la parte de responsabilidad en su proceso de salud, así como las técnicas a aplicar para fomentar la recuperación.

HÁBITOS PARA COMBATIR LA ANSIEDAD

1. ALIMENTACIÓN. Conocedores de que nuestra salud depende en gran medida de lo que comemos, una buena alimentación y cambio de hábitos alimenticios puede ayudarnos a mantener los niveles energéticos, aliviar la fatiga y reforzar el sistema inmunitario, contribuyendo a combatir los efectos de la ansiedad. Estas son algunas recomendaciones:

  • Repartir la comida diaria en cinco tomas. Frutas, verduras u hortalizas deben estar presentes en las cinco comidas.
  • Cereales integrales, legumbres y féculas repartidas en la base diaria semanal, al menos cuatro raciones.
  • Beber al menos litro y medio de líquidos al día.
  • Reducir la sal lo más que se pueda.
  • Reducir o evitar todas aquellas bebidas estimulantes como son el café y el alcohol. Evitar los tóxicos.

2. PRACTICAR EJERCICIO. Practicar ejercicio diario o varias veces por semana nos ayudará a calmar la ansiedad, eliminando tensiones, aumentando nuestra vitalidad (energía) activando nuestra circulación y relajando nuestra mente. La mejor actividad en este caso es aquella que nos ayuda a equilibrar, potenciar y armonizar tanto nuestro cuerpo como nuestra mente. La combinación del ejercicio físico con la meditación y respiración, tiene efectos positivos y beneficiosos más que comprobados. Por ejemplo:

  • Taichí – Chi kung (Qi Gong)
  • Yoga

3. MEDITACIÓN. Está comprobado que la meditación mejora los efectos de la ansiedad y el estrés, calmando nuestra mente y reduciendo con ello la presión arterial, mejorando el ritmo cardíaco y aumentando las defensas del organismo. Diez minutos al día de su práctica bien aprendida son suficientes para mantener la calma.

4. RESPIRACIÓN. La ciencia actual reconoce los beneficios de la respiración profunda controlada para combatir los síntomas del estrés y la ansiedad. En la respiración profunda, al realizar la espiración (2-3 segundos) debe durar el doble que la inspiración (4-6 segundos), tratando de detener la respiración entre ambas, debe ser aprendida, haciendo tres respiraciones profundas durante cinco minutos un par de veces al día y siempre que nos observemos en tensión.

Antonia Salinero Clemete – Naturópata

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2 Comentarios

  1. Antonia

    Hols Giovanna.

    Es un placer poder responder a la duda que refieres del artículo, sobre la respiración. Hay diferentes formas de control y consciencia de la misma, pero en caso de ansiedad, con la respiración profunda, obtenemos mejor y mayores beneficios, siempre bien practicada y aprendida.

    Lo que se indica en el artículo, es lo siguiente: Realiza una inspiración de 2-3 seg, lentamente hacia el abdomen, mantener el aire unos instantes y espirarmos, soltando el aire (por la boca) con lentitud mayor a la inspiracion 4-6 seg. Repetimos unas tres veces y las realizamos varias veces al día, siempre que se observe tensión o nerviosismo. Su práctica regular nos ayuda al control del sistema nervioso y tomar consciencia del proceso, mejorando los síntomas.

    Espero haber aclarado tu duda. Cualquier respuesta que necesites saber a tus preguntas, estaré encantada de poder responderte.

    Antonia Salinero
    Naturopata

  2. Giovanna

    Hola:

    Muchas gracias por el artículo.

    No me queda demasiado claro el apartado de la respiración, si lo pueden especificar un poco más se lo agradezco.

    Un cordial saludo,
    Giovanna Pratesi

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