Sin título-3

10 maneras de reducir el estrés

Publicado el 4 julio, 2014
admin

LinkedInTwitterFacebook

Hace aproximadamente 10 años, la Organización Mundial de la Salud advirtió sobre la que sería una de las enfermedades con mayor prevalencia del siglo XXI, para la que utilizó el término “epidemia”; esa enfermedad era el estrés. Y ¿quién no ha oído hablar hoy en día del estrés? ¿Quién no se ha sentido estresado alguna vez?

Podría decirse que el estrés es habitual en la vida de todo ser humano. Nadie se extraña cuando comentamos que nos sentimos estresados en el trabajo, o por estar en el paro, por los hijos, por los padres, por los problemas económicos, por los exámenes y, en definitiva, por cualquier situación que suponga un sobreesfuerzo o una necesidad de adaptación por nuestra parte.

[/vc_column_text][vc_separator color=”grey”][vc_row_inner][vc_column_inner width=”1/2″][vc_single_image image=”938″ alignment=”center” border_color=”grey” img_link_target=”_self” img_size=”full”][/vc_column_inner][vc_column_inner width=”1/2″][vc_column_text]

Sentirse estresado ante determinadas situaciones, de forma puntual, no tiene porqué ser negativo, es una reacción natural y necesaria, pues nos empuja a movilizar todos nuestros recursos. Pero cuando se está sometido a estrés por periodos prolongados, cuando se convierte en un compañero de vida, entonces es cuando podemos empezar a tener problemas de salud, a nivel físico y mental.

[/vc_column_text][/vc_column_inner][/vc_row_inner][vc_separator color=”grey”][vc_column_text]

Pero, ¿qué es el estrés? Como hemos visto, el término estrés se emplea frecuentemente para referirse al nerviosismo o inquietud que se producen ante cualquier situación que desborde nuestros recursos, y tiene una connotación negativa.

Pero no es la situación en sí lo que determina nuestra reacción, pues entonces todas las personas reaccionaríamos igual ante todo. Es importante que comprendamos que, aunque el estrés viene causado por un detonante (divorcio, sobrecarga laboral, mudanzas, pensamientos y preocupaciones reiterativas…), esa reacción está determinada por dos procesos psicológicos (Lazarus y Folkman, 1986):

  1. La valoración personal de nuestros propios recursos para afrontar cada problema. Por ejemplo, ante un cambio de trabajo, no reaccionaremos igual si pensamos que podemos llevarlo a cabo, aun con gran esfuerzo, que si pensamos que nos desborda y que no estamos preparados.
  2. El significado emocional que otorgamos a la situación. No reaccionaremos igual si percibimos la situación como positiva, que si la percibimos como negativa o amenzante. Por ejemplo, una misma situación, como tener un hijo, puede adquirir connotaciones positivas (ilusión, ganas de ser madre/padre, felicidad…) o negativas (miedo, pensamientos pesimistas sobre el futuro, sentirse incapaz de educarle…). Cuando predominan las emociones negativas, el estrés puede derivar en un trastorno de ansiedad.

Y, ¿cómo funciona este mecanismo llamado estrés? El estrés no es otra cosa que la reacción de la persona ante un determinado estímulo o situación, tras hacer una valoración psicológica de la misma; es una descarga de adrenalina, noradrenalina, serotonina y dopamina, seguida de la segregación de una serie de hormonas como el cortisol, que preparan a nuestro organismo para la acción. Pero, ¿qué acción? Si echamos la vista atrás, vemos que el estrés era un mecanismo ancestral de supervivencia del ser humano ante amenazas externas, como podía ser el ataque de un animal salvaje. El organismo se preparaba para una acción rápida de lucha o huída, en función de la valoración que hiciera de la situación (“tengo recursos para luchar, o es mejor huir”) y de la emoción predominante (miedo, ira…)

Lo que sucede hoy en día es que esa amenaza es un jefe desagradable, un atasco a hora punta, algún cambio en nuestra vida (mudanzas, hijos, jubilación) o situaciones sociales conflictivas (como las discusiones). Y lo más importante es que en la mayoría de los casos, esa amenaza viene de dentro de nosotros mismos, son nuestros propios pensamientos y preocupaciones los que detonan una respuesta de estrés o ansiedad (Borkovec, 1993; Goleman, 1996).

Si en nuestro día a día mediamos con varias situaciones estresantes y además rumiamos nuestras preocupaciones constantemente, no dejamos que nuestro organismo se reponga de la descarga que supone la respuesta de estrés y que nuestra mente se recupere del esfuerzo cognitivo que supone; nos encontramos a la vez inquietos y agotados, tanto física como mentalmente.

 

Al mantener una existencia en constante estado de estrés, nuestro cuerpo y nuestra mente pueden llegar al límite de sus posibilidades y es cuando se habla de enfermedades físicas asociadas como la hipertensión, los dolores de cabeza, los problemas gastrointestinales y una serie de trastornos emocionales como ansiedad o depresión.

¿Qué podemos hacer para reducir el estrés de nuestras vidas?

  1. Conócete a ti mismo.Aprende a identificar qué situaciones te provocan mayor angustia y trata de buscar soluciones de una en una; revisa tu forma de afrontar los problemas, cómo te valoras a ti mismo y qué significado das a las cosas que te suceden.
  2. Hazte preguntas. Cuando estés preocupado por algo, plantéate las siguientes preguntas: ¿Es realmente posible que ocurra lo que estoy pensando, o puedo aceptar la existencia otras posibilidades? ¿Puedo hacer algo para cambiar la situación? ¿De qué me sirve rumiar estos pensamientos?
  3. Actúa sobre lo que puedes solucionar.
  4. Acepta que hay cosas que no están bajo tu control
  5. Disfruta del presente. Pensar demasiado en el futuro aumenta nuestra ansiedad.
  6. Trabaja tu inteligencia emocional.
  7. Cuenta con tus amigos y familiares. Se ha demostrado que el apoyo social es uno de los más potentes antídotos contra el estrés, la ansiedad, la depresión y, en definitiva, ante cualquier problema emocional.
  8. Dedica tiempo al ocio. Involúcrate en actividades que te resulten atractivas, que te gustan o que te relajen. Es importante distraernos de nuestras preocupaciones.
  9. Haz deporte. Así podrás eliminar esa acumulación de energía que tu cuerpo no ha podido expulsar.
  10. Dedica al menos 10 minutos al día a practicar alguna técnica de relajación, pues producirá la reacción contraria a la del estrés, contrarrestándola y te ayudará a despejar la mente de las preocupaciones, dándola “un respiro”.

Helena Arias Vidaurre – Psicóloga de Salud Butragueño

LinkedInTwitterFacebook

Déjanos un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *